viernes, 5 de febrero de 2010

LOS MISTERIOS ROSACRUCES




LOS MISTERIOS ROSACRUCES

UNA EXPOSICIÓN ELEMENTAL
DE SUS ENSEÑANZAS SECRETAS

por

Max Heindel
[1865-1919]

LEMA Y MISIÓN ROSACRUZ:

UNA MENTE PURA

UN CORAZÓN NOBLE

UN CUERPO SANO

Título Original:

"THE ROSICRUCIAN MYSTERIES"

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP

P.O. Box 713

Oceanside, CA. 92049-0713 USA

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by

The Rosicrucian Fellowship


del libro "Los Misterios Rosacruces" de Max Heindel

LA ORDEN DE LOS ROSACRUCES Y LA FRATERNIDAD ROSACRUZ

CAPÍTULO I

LA ORDEN DE LOS ROSACRUCES
Y LA FRATERNIDAD ROSACRUZ

Nuestro mensaje y misión:

UNA MENTE PURA.— UN CORAZÓN NOBLE. — UN CUERPO SANO.

Antes de entrar en una explicación de las enseñanzas de los rosacruces, bueno será que digamos unas palabras acerca de ellos y del puesto que ocupan en la evolución de la
humanidad.
Por razones que se dirán más adelante, estas enseñanzas ofrecen una visión dualística; sostienen que el hombre es un espíritu que encierra todos los poderes de Dios, como la simiente encierra la planta, y que estos poderes se desenvuelven poco a poco en una serie de existencias dentro de un cuerpo terrenal que mejora gradualmente; asimismo, que este proceso de desarrollo se ha llevado a cabo bajo la guía de seres exaltados que ordenan
todavía nuestros pasos, aunque va disminuyendo a medida que adquirimos intelecto y voluntad. Estos Seres exaltados, si bien invisibles a nuestros ojos físicos, constituyen, no obstante, potentes factores en todos los asuntos de la vida, dando a los diferentes grupos de humanidad lecciones que propulsan al máximo grado de eficacia el desarrollo de sus poderes espirituales. De hecho, la Tierra puede compararse a una vasta escuela de entrenamiento en la que existen discípulos de edad variada y de diferente habilidad o disposición, como ocurre en cualquiera de nuestras escuelas. Existen los salvajes, viviendo y
adorando bajo las más primitivas condiciones, viendo a Dios en un madero o en una piedra.
Así, gracias al progreso, que el hombre realiza hacia adelante y hacia arriba en la escala de la civilización, encontramos una más alta concepción de la Deidad, hasta haber florecido en
nuestro Mundo Occidental en la hermosa religión Cristiana, que nos procura, actualmente, la inspiración espiritual y el incentivo necesario para mejorar.
Los seres exaltados que la religión Cristiana conoce con el nombre de Ángeles del Destino han proporcionado a cada grupo de la humanidad las varias religiones que conocemos, y su maravillosa previsión los capacita para ver el rumbo de algo tan inestable como la mente humana, pudiendo así determinar qué pasos son necesarios para guiar nuestro desenvolvimiento con respecto a las líneas congruentes al bien universal más elevado.
Estudiando la historia de las antiguas naciones encontraremos que. unos seiscientos años antes de Jesucristo, una gran ola espiritual tuvo su origen en las costas orientales del Océano
Pacífico, donde la gran religión de Confucio aceleró el progreso de la nación china, principiando entonces también la religión de Buda a conquistar sus millones de adeptos en la India, y más
al Oeste tenemos la sublime filosofía de Pitágoras. Cada sistema apropiábase a las necesidades particulares del pueblo al que se aplicaba. Vino entonces el período de los escépticos, en Grecia, y más tarde, en ruta hacia el Oeste, la misma ola espiritual se manifiesta en la religión Cristiana de la Edad Media, cuando el dogma de una iglesia dominante impuso su creencia a toda la Europa Occidental.
Es una ley en el universo el que una ola de despertar espiritual va seguida siempre por un período de materialismo dudoso, y cada una de estas fases es necesaria para que reciba el
espíritu igual desarrollo, tanto su intelecto como su corazón, sin ir demasiado lejos en ninguna de las dos direcciones. Los Grandes Seres mencionados anteriormente, que cuidan de
nuestro progreso, toman siempre sus medidas para preservar a la humanidad de este peligro, y cuando previeron la ola de materialismo que comenzó en el siglo XVI con el nacimiento de
nuestra ciencia moderna, tomaron las medidas para proteger al Oeste, como habían anteriormente salvaguardado al Este
contra los escépticos, que se vieron contenidos por las escuelas de Misterios.
En el siglo XIII apareció en la Europa Central un gran maestro espiritual cuyo nombre simbólico fue:

CHRISTIAN ROSENKREUTZ
esto es
CRISTIANO ROSACRUZ

y que fundó la misteriosa Orden Rosacruz, con relación a la cual tantas suposiciones se han hecho sin que gran cosa haya llegado al mundo en general, puesto que es la escuela de
Misterios del Oeste y se abre únicamente para aquellos que alcanzaron el estado de desenvolvimiento espiritual necesario para ser iniciados en sus secretos relativos a la Ciencia
de la Vida y del Ser.
Si hemos logrado un desarrollo tal que nos permita dejar nuestro cuerpo físico denso y echar un vuelo anímico por el espacio interplanetario, veremos que el átomo físico primario es
de forma esférica, como nuestro planeta; esto es, un globo. Si tomamos un número determinado de globos de igual tamaño y los agrupamos alrededor de uno de ellos, necesitaremos exactamente doce para ocultar el decimotercero. Así, también los doce visibles y el uno oculto son cifras que revelan una relación cósmica, y como todas las órdenes de Misterios están basadas en líneas cósmicas, todas se componen de doce miembros reunidos alrededor de un decimotercero, que es la cabeza invisible.
Hay siete colores en el espectro: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta.
Pero entre el violeta y el rojo existen otros cinco colores invisibles a los ojos físicos, pero que se descubren a la mirada espiritual. En toda Orden de Misterios existen igualmente siete
hermanos que a veces aparecen en el mundo para realizar allí el trabajo que sea necesario para hacer progresar a aquellos a quienes sirven, pero cinco hermanos no son nunca vistos
fuera del templo. Ellos enseñan y trabajan con aquellos que han pasado por cierto estados de desenvolvimiento espiritual y que pueden dirigirse al templo en sus cuerpos espirituales, hecho
que se enseña en la primera iniciación, que suele tener lugar en el exterior del templo, por no ser conveniente para todos visitarlo físicamente.
Que el lector no vaya a imaginar ahora que esta iniciación hace del alumno un rosacruz, como tampoco la admisión de un alumno en una Universidad hace de él un miembro de la
Facultad. Ni aún después de cruzados los nueve grados de esta o de otra Escuela de Misterios se es un rosacruz. Los rosacruces son Hierofantes de los misterios menores, y aún más allá
de ellos hay todavía escuelas donde se enseñan misterios mayores. Todos aquellos que han dejado atrás los misterios menores y son ya alumnos de los misterios mayores, se llaman
adeptos; pero ni ellos, aún así. han alcanzado la privilegiada situación de los Doce Hermanos de la Rosa Cruz o de los Hierofantes de cualquier escuela de misterios menores, así como no ha obtenido la posición y el conocimiento de los catedráticos de la Universidad el alumno que acaba de ser graduado en ella.
Uno de los capítulos siguientes versará sobre la iniciación, pero debemos apuntar aquí que la puerta de una genuina Escuela de Misterios no se abre con llave de oro, sino que se abre
únicamente como una recompensa a los servicios meritorios hechos a la humanidad, y todo aquel que se anuncia a sí mismo como un rosacruz o se encarga de instruir para lograrlo por
una cuota monetaria, se tilda de charlatán por cualquiera de estos dos actos.
El discípulo sincero de cualquier Escuela de Misterios es demasiado modesto para anunciarlo a voz en grito; desdeñará todos los títulos y honores de los hombres, y no tendrá interés por las riquezas, salvo las riquezas de amor que le concedan aquellos a quienes se le presentó la ocasión y el privilegio de ayudar y enseñar.
En los siglos transcurridos desde que fue formada la Orden Rosacruz, sus miembros han trabajado secreta y calladamente, esforzándose en moldear el pensamiento de la Europa
Occidental mediante las obras de Paracelso, Boehme, Bacon, Shakespeare, Fludd y otros.
Cotidianamente a la medianoche, cuando las actividades físicas del día están en su más bajo reflujo y los impulsos espirituales en su flujo superior, envían desde su templo vibraciones que
agitan y conmueven el alma para contrarrestar el materialismo y para impulsar el desarrollo de las fuerzas del alma. A sus actividades debemos la espiritualización gradual de nuestra
mínima ciencia materialista.
Con el principio del siglo XX se dio un nuevo impulso y se tomó una nueva posición. Se concibió que debía hacerse algo para dar un aspecto científico a la religión, así como para
hacer religiosa a la ciencia, con objeto de que al fin puedan ambas mezclarse, toda vez que hoy en día el
corazón y la cabeza, es decir, el sentimiento y el intelecto, están divorciados. El corazón siente instintivamente la verdad de la enseñanza religiosa referente a tales maravillosos
misterios como el de la Concepción Inmaculada (el nacimiento místico), la Crucifixión la muerte mística), la sangre purificadora, el perdón de los pecados y las otras doctrinas de la Iglesia, las cuales rehusa aceptar y creer el intelecto, porque son imposibles de demostrar y en apariencia están en pugna y en contraste con la ley natural. El progreso material puede ser
impulsado cuando domina el intelecto, y los anhelos del corazón quedan desatendidos; pero el crecimiento del alma quedará retardado hasta que también el corazón reciba lo que le
corresponda.
Con el objeto de proporcionar al mundo una enseñanza que reúna las características de satisfacer a la mente y al corazón, se necesitó buscar e instruir a un mensajero. Como es de
suponer, era necesario que reuniese determinadas cualidades, y el primeramente elegido fracasó al sufrir cierta prueba, pese a haber empleado varios años para prepararle para este
trabajo. Es bueno repetir que hay una época para sembrar, así como hay otra para la cosecha, y que también hay determinadas estaciones para todos los trabajos de la vida, y, en
concordancia con esta ley de periodicidad, todos los impulsos para la elevación espiritual deben darse en momentos apropiados para que tengan éxito. La primera y la sexta década
de cada siglo son propicias especialmente para comenzar la promulgación de enseñanzas espirituales nuevas. Por lo tanto, los rosacruces quedaron muy afectados por aquel fracaso,
porque solo restaban cinco años de la primera década del siglo XX.
Su segunda elección de un mensajero recayó en el autor de este trabajo, aunque él no lo supo por aquel entonces, y mediante un esfuerzo de ayuda sobre las circunstancias que concurrían en el autor, hicieron posible que pudiera empezar el período de preparación para el trabajo que se deseaba que hiciera. Tres años después, en ocasión de haber ido a Alemania,
así como por circunstancias arregladas por la invisible Fraternidad y cuando se hallaba en el límite de la desesperación por haber descubierto que la luz que era el objeto de su busca quedaba reducida a una linterna mágica, los hermanos de la Orden Rosacruz lo pusieron a prueba para ver si él podría ser el fiel mensajero y darle las enseñanzas
que deseaban confiarle para que luego se difundieran por el mundo. Cuando el autor hubo pasado felizmente la prueba, le dieron la monumental solución para el problema de la
existencia, publicada por primera vez en el Concepto Rosacruz del Cosmos, en el mes de noviembre de 1909, algo más de un año antes de la expiración de la primera década del siglo
XX. Este libro marcó una nueva era en la llamada literatura "oculta," y las muchas ediciones que han sido publicadas desde entonces, así como los millares de cartas que continuamente
llegan al autor, son testimonios elocuentes del hecho de que las gentes están encontrando en esta enseñanza una satisfacción que en vano habían buscado anteriormente.
Los rosacruces dicen que todas las grandes religiones han sido dadas a los pueblos entre quienes se han encontrado, por Inteligencias Divinas que idearon cada sistema de adoración
de modo que llenase y se adaptase a las necesidades de cada raza y de cada nación.
Un pueblo primitivo no puede responder a una religión sublime y elevada, y viceversa.
Aquello que puede servir para favorecer a una raza podía hundir a otra, y amoldándose a tal política se ideó un sistema de autodesarrollo adaptado al mundo Occidental, el cual está por
temperamento y racionalmente inadaptado para seguir la disciplina de la Escuela oriental, que fue proyectada para los pueblos más atrasados del Oriente.

LA FRATERNIDAD ROSA CRUZ

Con el propósito de promulgar en el Mundo Occidental las enseñanzas rosacruces, se fundó la Fraternidad Rosacruz en el año 1909. Esta es el heraldo de la Edad Acuaria, cuando el Sol
por precesión vaya a la constelación de Acuario, lo cual traerá al exterior y a la manifestación todas las potencias espirituales e intelectuales en el hombre, que están simbolizadas por tal
signo.
Al igual que el calor de un fuego calienta todos los objetos dentro de su esfera de irradiación, así también el rayo de Acuario elevará las vibraciones de la Tierra a un tono que somos incapaces de comprender por ahora, aunque tengamos ya demostraciones de los trabajos materiales de esta fuerza en las convenciones que han revolucionado la vida dentro de la
memoria de la generación presente.
Nosotros nos hemos asombrado ante los rayos X. con los cuales
se ve a través del cuerpo humano; pero cada uno de nosotros tenemos un sentido latente, el cual cuando esté desarrollado permitirá al hombre ver a través de un número cualquiera de
cuerpos y a cualquier distancia. También nos maravillamos ante las conversaciones telefónicas de continente a continente, pero todos tenemos internamente un sentido latente
de habla y de oído que es mucho más agudo y potente. Nos sorprendemos ante la visión de los buques navegando bajo el agua o de los aparatos que surcan los cielos, pero también
nosotros todos somos capaces de viajar bajo el agua o de remontarnos a grandes alturas, y aún más: nosotros podremos atravesar las rocas más sólidas, y entre el rugiente fuego, sin
sufrir el más ligero daño cuando sepamos el modo de hacerlo, y el rayo mismo es lento comparado con la velocidad que nos será dable alcanzar.
Esto nos parece un cuento de hadas o pura fantasía, como las novelas de Julio Verne hace una generación, pero la Edad Acuaria será testigo de la realización de todos estos sueños y
aún de muchos más, de lo cual no podemos ni tener idea actualmente. Semejantes facultades las tendrán entonces gran cantidad de personas, quienes las habrán desarrollado
gradualmente, del mismo modo que hasta la fecha hemos aprendido a caminar, hablar, oír, ver, etcétera.
Todo esto entraña un gran peligro, pues, como es obvio, cualquier ser dotado de tales facultades puede usarlas en detrimento de la mayoría del mundo, a menos que sea refrenado por un espíritu de desinterés y un altruismo hacia toda la Natura. Así pues, la religión es necesaria hoy en día como nunca antes lo ha sido, para inculcar el amor y la fraternidad entre los hombres, para que de este modo puedan prepararse para usar el mayor de los dones que tienen reservados bien y sabiamente. Esta necesidad de la religión es sentida especialmente por cierta clase de personas, en las que el éter está unido más sueltamente a los átomos físicos que lo está en la mayoría, y por esta razón la mencionada clase está empezando a notar las vibraciones de Acuario.
Esta clase está, asimismo, dividida en dos grupos. En uno de ellos domina el intelecto, y las personas de tal clase procuran, naturalmente, interiorizarse de los misterios espirituales por
mera curiosidad y desde el punto de vista de la razón. Persiguen el sendero del conocimiento por el conocimiento en sí, considerándolo como una finalidad en sí mismo. La idea de que el conocimiento es de valor únicamente en el caso de ser puesto en práctica para un uso constructivo parece que no ha surgido a través de su raciocinio. A los individuos de esta clase los podemos llamar ocultistas.
El otro grupo no se preocupa del conocimiento, sino que siente un interna atracción hacia Dios, y persigue el sendero de la devoción hacia el elevado ideal puesto ante ella por Cristo,
haciendo las obras que Él hizo en tanto lo permite su cuerpo de carne, y esto con el tiempo produce una iluminación interna que lleva consigo todo el conocimiento que alcanza la clase
anterior, los ocultistas, y mucho más también. Esta clase puede ser denominada la de los místicos.
Determinados peligros hay en cada uno de los dos grupos. Si el ocultista obtiene la iluminación y desenvuelve dentro de sí las facultades espirituales latentes, puede usarla para el
beneficio de sus objetos personales, con el mayor perjuicio para el prójimo. Esto se llama magia negra, y el castigo que automáticamente cae sobre la cabeza del que así obra es tan
horroroso, que es mejor tender un velo sobre ello.
El místico puede también equivocarse debido a su ignorancia y caer en las redes de la ley de la Naturaleza, pero como quiera que es impulsado por el amor, sus equivocaciones nunca
serán muy serias, y a medida que crece en gracia, la silenciosa voz de su corazón le hablará más distintivamente para señalarle el buen camino.
La Fraternidad Rosacruz se esfuerza para preparar al mundo en general, y especialmente a los sensitivos en los grupos, para el despertar de los poderes latentes en el hombre, a fin de
que puedan ser bien guiados en la zona peligrosa y estén lo mejor preparados que sea posible para el uso de sus nuevas facultades. Se hace el esfuerzo de combinar el amor —sin el cual, según Pablo, el conocimiento de todos los misterios es inútil—, con un conocimiento místico basado y fundamentado en el amor, para que los discípulos de esta Escuela puedan
convertirse en exponentes vivientes de esta unión o combinación de la ciencia del alma de la Escuela de la Sabiduría Occidental, y educar gradualmente a la humanidad en general en las
virtudes necesarias para asegurar la posesión de estas elevadas fuerzas. NOTA: Las páginas que seguían, dedicadas a la descripción de Mount Ecclesia, han sido llevadas al final del libro.


del libro "Los Misterios Rosacruces", de Max Heindel

EL PROBLEMA DE LA VIDA

CAPÍTULO II

EL PROBLEMA DE LA VIDA Y SU SOLUCIÓN

EL PROBLEMA DE LA VIDA

Entre todas las vicisitudes de la vida, las cuales varían en las experiencias de cada uno, hay
un solo acontecimiento que más pronto o más tarde llega a todos: ¡la Muerte! No importa
nuestra posición social, si la vida que hemos vivido ha sido buena o, de lo contrario, si nuestro
paso entre los hombres ha quedado marcado con grandes hechos, que nuestro lote haya
sido de enfermedad o de salud, o que hayamos sido famosos y estado rodeados por una
hueste de amigos admiradores o que, por el contrario, hayamos pasado desconocidos en la
sociedad durante los años de nuestra vida, llega un momento en el que estamos solos ante el
portal de la muerte y forzados a dar el salto en la obscuridad.
El trance que significa ese salto y qué es lo que nos espera en el más allá, es objeto de
meditación para todo ser pensante. En los años de la juventud y de la salud, cuando la barca
de nuestra vida navega en los mares de la prosperidad, cuando todo se nos antoja bello y
brillante, podemos dejar de lado tal pensamiento, pero seguramente llegará un día en la
existencia de toda persona sensata en el que el problema de la vida y de la muerte se abra
paso en su
conciencia y no pueda ser descartado ni postergado. Tampoco nos será de gran provecho el
aceptar cualquier solución dada por algún otro ciegamente y sin pensar sobre ella, porque
este es un problema básico, el cual debe resolverlo cada persona por sí mismo para quedar
satisfecha.
Cerca del limite oriental del desierto de Sahara está la Esfinge de fama universal, con su faz
inescrutable dirigida al Este, siempre dando cara al Sol en cuanto sus primeros rayos anuncian
al nuevo día. Según mitos griegos, este monstruo debía preguntar un enigma o adivinanza a
todos los viajeros, y devoraba a todos aquellos que no contestaban, pero cuando Edipo
aclaró el enigma propuesto, el monstruo se destrozó a sí mismo.
Lo que la Esfinge preguntaba a los hombres era el enigma de la vida y de la muerte, una
pregunta que tenía tanta importancia como hoy, y a la cual todos debemos contestar o
seremos devorados entre las garras de la muerte. Pero, una vez que la persona ha hallado la
solución del problema, se le hará evidente que en realidad la muerte no existe, y que lo que
parece que es así, es solo un cambio de un estado de existencia a otro. Así pues, para el
hombre que encuentra una solución verdadera al enigma de la vida, la esfinge de la muerte ha
cesado de existir y puede elevar su voz prorrumpiendo en el grito triunfal de: "¡Oh, muerte!,
¿dónde está tu guadaña? ¡Oh, tumba!, ¿cuál es tu victoria?"
Se han emitido varias teorías para resolver este problema de la vida. Nosotros podemos
dividirlas en dos clases, es decir, la teoría monástica, que sostiene que todos los hechos de la
vida pueden ser explicados con referencia a este mundo visible en el cual vivimos, y la teoría
dualistica, la cual transfiere parte del fenómeno de la vida a otro mundo que ahora está
invisible a nuestros ojos.
Rafael, en su famosa pintura "La Escuela de Atenas," ha indicado de una manera muy
adecuada la actitud de estas dos escuelas de pensamiento. Vemos en tan maravilloso cuadro
un atrio griego, semejante a aquellos en los que los filósofos acostumbraban congregarse.
Sobre los diferentes escalones que conducen al interior del edificio se ve un gran número de
hombres enredados en una profunda discusión, pero en el centro y en la parte superior de los
escalones hay dos figuras de pie, que se supone son Platón y Aristóteles, uno señalando hacia
arriba y el otro indicando hacia abajo, a la tierra, ambos mirándose fijamente a la cara,
mudos, pero con profunda y concentrada voluntad. Cada uno pretende convencer al otro
de que su actitud es verdadera, porque ambos están plenamente convencidos de su teoría.
Uno de ellos sostiene que es de tierra y de arcilla, que él ha venido del polvo y al polvo ha de
volver; el otro aboga por la idea de que hay algo superior que ha existido siempre y
continuará existiendo, sin importar nada lo que pueda suceder con la forma corpórea en la
que mora y que los mantiene unidos.
La pregunta de cuál está acertado se halla todavía sin resolver para la gran mayoría de la
humanidad. Se han borroneado millones de toneladas de papel en fútiles intentos para llegar a
un acuerdo con argumentaciones; pero, no obstante, continuará este interrogante siempre
para todos aquellos que no han llegado a la solución de este enigma por ellos mismos, porque
este es un problema básico, una parte de la experiencia de la vida de cada ser humano para
solucionar esa cuestión, y por lo tanto nadie puede darnos la solución dispuesta para nuestra
aceptación. Lo más que pueden hacer aquellos que han solucionado realmente este
problema, es mostrar a otros las vías por las cuales ellos han arribado a tal solución, y de
este modo dirigir al investigador para que pueda también alcanzarla.
Esta es la finalidad de este libro; no la de ofrecer una solución al problema de la vida para
que sea aceptada ciegamente, por la confianza en la capacidad investigadora del autor. Las
enseñanzas contenidas en estas páginas han sido impartidas por la Gran Escuela Occidental
de Misterios de la Orden Rosacruz y son el resultado del testimonio concurrente de un largo
número de videntes ejercitados y se le han comunicado al autor, quien las ha completado con
su investigación independiente, propia de los planos atravesados por el espíritu en su jornada
cíclica desde el mundo invisible a este plano de existencia, y así sucesivamente.
Sin embargo, se advierte al lector que el autor puede haber entendido mal algunas de las
enseñanzas y que, a despecho del enorme cuidado que ha tenido, puede deslizarse algún
punto de vista erróneo de lo que él cree haber visto en el mundo invisible, en el que las
posibilidades de equivocarse son infinitas. Aquí, en el mundo en que vivimos, las formas son
fijas, no cambian fácilmente, pero en el mundo superior, que es solamente perceptible por la
vista espiritual, en realidad no existe la forma, sino que todo allí es vida. Por lo menos, las
formas son tan mutables que las metamorfosis que se narran en los cuentos de hadas están
allí multiplicadas en un grado infinitamente mayor, y por lo tanto, vemos las revelaciones
sorprendentes
de los médiums y otros clarividentes negativos que, aunque sean de recta conciencia, están
sencillamente burlados por lo ilusorio de la forma, que es efímera, debido a la razón de ser
incapaces de ver la vida que constituye la base permanente de la forma.
A nosotros nos es preciso aprender a ver en este mundo. El niño recién nacido no tiene idea
de la distancia y querrá coger las cosas por lejos que estén, fuera de su alcance, hasta que la
experiencia lo va adiestrando. Una persona ciega que ha adquirido de nuevo la facultad de la
vista por una operación o bien por otra causa, estará inclinada al principio a cerrar los ojos al
moverse de un lugar a otro, y dirá que le es más fácil caminar por el tacto que por la vista,
debido a que aún no ha aprendido a usar su nueva facultad. De igual modo, la persona cuya
vista espiritual se ha abierto recientemente, necesita instrucción, siéndole, en efecto, más
necesaria a esta que al niño y al ciego mencionados como ejemplo.
Negarle esta instrucción sería lo mismo que si un tierno niño fuese colocado en una casacuna
en la que las paredes tuvieran espejos de distintas curvaturas cóncavas y convexas, que
distorsionaran y desfiguraran su propia forma y la de los demás asistentes. Si se lo dejase
crecer en tal lugar y no se le permitiese ver la forma real de las cosas, de sí mismo y de los
demás, creería, naturalmente, que las formas desfiguradas y contrahechas reflejadas en el
cristal son tal cual las ve, cuando en realidad los espejos serían los causantes de ese
fenómeno óptico. Si tanto el niño como las personas sometidas a tal experimento fueran un
día sacados fuera de aquel lugar fantasmagórico, no serían capaces de explicarse el cambio
de las cosas hasta que se les hubiera explicado debidamente la causa.
Aquellos que han desenvuelto su vista espiritual se hallan expuestos a sufrir tales ilusiones
hasta que hayan sido instruidos para descontar la refracción y ver la vida, que es permanente
y estable, desdeñando la forma que es mutable y se desvanece.
El peligro de ver las cosas fuera de foco subsiste siempre, no obstante, y es tan sutil que el
autor siente el imperativo deber de advertir a los lectores que tomen todas sus
manifestaciones acerca del mundo invisible con la mayor cautela, pues no tiene la menor
intención de engañar. Más bien se siente inclinado a aumentar que a disminuir las limitaciones
de aquel reino, y aconsejaría a los lectores que no acepten nada de su pluma sin razonarlo y
sin comprobarlo por sí mismos. De este modo, si él está engañado, lo estará solo él y no
habrá razón para censurarlo en caso contrario.

del libro "Los Misterios Rosacruces", de Max Heindel

TRES TEORÍAS DE LA VIDA


TRES TEORÍAS DE LA VIDA

Únicamente se han emitido tres teorías de la vida dignas de consideración como soluciones
al enigma de la existencia, y con objeto de que el lector pueda hacer la elección entre ellas,
pasamos a detallarlas brevemente, conforme se han dictado, y dar algunos argumentos que
nos conducen a abogar por la doctrina del Renacimiento como el método que favorece el
desarrollo del alma y el alcance último de la perfección, ofreciendo, en consecuencia, la mejor
solución al problema de la vida.

1) la Teoría Materialista dice que toda vida es solo una corta jornada de la cuna a la tumba;
que no hay inteligencia en el Cosmos superior a la del hombre; que su mente es producto de
ciertas correlaciones de la materia, y que, por lo tanto, con la muerte y la disolución del
cuerpo termina la existencia.
Hubo un día en el cual los argumentos de los filósofos materialistas parecieron convincentes;
pero, a medida que avanza, la ciencia atesora más amplios conocimientos y descubre que
hay en el Universo un lado espiritual. Tal vida y conciencia pueden existir sin que nos den la
menor señal de ello, de lo cual han sido evidente ejemplo los casos en que una persona ha
estado en trance profundo y se le ha creído muerto durante varios días, pero que de pronto
despierta y dice todo lo que ha pasado en torno de su lecho. Eminencias científicas, tales
como sir Oliver Lodge, Camilo Flammarión, Lombroso y otros hombres de inteligencia
brillante y con dominio científico, han declarado inequívocamente, como resultado de sus
propias investigaciones, que la inteligencia que nosotros llamamos hombre sobrevive a la
muerte de su cuerpo y vive alrededor de nosotros, sea que la veamos o no, como la luz y el
color existen alrededor de una persona ciega sin que nada importe que esta no los vea. Tales
científicos han llegado a esta conclusión después de muchos años de ardua investigación. Han
comprobado que los llamados muertos pueden, y así lo hacen en determinadas
circunstancias, comunicarse con nosotros en forma tal, que está fuera de duda toda
suplantación.
Nosotros sostenemos que tal testimonio es de mucho más valor que el argumento en
contra del materialista, porque está basado en
una escrupulosa investigación y se halla en armonía con tan bien establecidas leyes como la
de la conservación de la materia y la de la conservación de la energía. La mente es una forma
de energía y resulta inmune a la destrucción, en contra de lo que arguye el materialista. Por lo
tanto, nosotros desechamos la Teoría Materialista como impropia, pues no está de acuerdo
con las leyes de la naturaleza ni con hechos bien establecidos.

2) La Teoría Teológica proclama que justamente momentos antes de cada nacimiento es
creada un alma por Dios, y esta entra en el mundo físico, en el que vive un tiempo
determinado, variando de unos cuantos minutos a cierto número de años; que al término de
esta corta duración de la vida, retorna, pasando por el portal de la muerte, al invisible más
allá, donde permanece para siempre en un estado de felicidad o de dolor, con arreglo a sus
acciones durante los pocos años que estuvo en el cuerpo.
Platón insistió en la necesidad de una definición clara de los términos como base de un
argumento, y nosotros entendemos que esto es tan necesario al discutir el problema de la
vida desde el punto de vista de la Biblia, como lo es para los argumentos desde el punto de
vista platónico. Con arreglo a la Biblia, el hombre es un ser compuesto que consta de cuerpo,
alma y espíritu. Los dos últimos términos son tomados a menudo como sinónimos, pero por
nuestra parte insistimos en que no es así, apelando al siguiente razonamiento.
Todas las cosas se hallan en un estado de vibración. Las vibraciones de los objetos que nos
rodean están constantemente actuando sobre nosotros y llevando a nuestros sentidos un
conocimiento del mundo externo. Las vibraciones del éter actúan sobre nuestros ojos para
que podamos ver, y las vibraciones en el aire transmiten los sonidos a nuestro oído. Nosotros
también respiramos aire y éter, que están de este modo cargados con las imágenes y los
sonidos cercanos, así que por el acto de la respiración recibimos en todos los momentos de
nuestra vida, internamente, un cuadro completo de cuanto ocurre alrededor de nosotros.
Esto es una exposición científica. Sin embargo, la ciencia no explica como se producen estas
vibraciones; pero, de acuerdo con la enseñanza de los Misterios Rosacruces, se transmiten a
la sangre, y entonces se graban sobre un pequeño átomo del corazón, tan
automáticamente como se produce en la película sensible la imagen cinematográfica y un
registro de los sonidos se graba en el disco fonográfico. Este registro de la respiración se inicia
con la primera inhalación de aire del niño recién nacido y no termina sino con el último
estertor del hombre moribundo. De ahí que el "alma" sea un producto de la respiración. El
Génesis muestra también la relación entre la respiración y el alma en las palabras: "Y el Señor
Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el soplo de la vida, y el hombre
se hizo un alma viviente." (La misma palabra (nephesh) significa en la traducción del texto
citado respiración o alma, indistintamente.
En la existencia post mortem se dispone del registro respiratorio. Los actos buenos de la
vida producen sentimientos de placer, y la intensidad de atracción los incorpora en el espíritu
como potencia de alma. Por consiguiente, el registro respiratorio de nuestros buenos actos
es el alma que se salva de la destrucción, que por la unión con el espíritu se hace inmortal. Al
acumularse tal producto vida tras vida, nos hacemos más poderosos de alma y, como
consecuencia, esto echa las bases del desarrollo del alma.
El registro de nuestros malos actos se deriva también de la respiración en los momentos en
que se cometen. El dolor y el sufrimiento que producen hace que el espíritu los repela del
registro de la respiración en el Purgatorio. Como quiera que no puede vivir
independientemente del dador de la vida, el espíritu, el registro de la respiración de nuestros
pecados se desintegra a medida de la expurgación, y de este modo podemos ver que "el
alma que peque morirá." El recuerdo del sufrimiento que sigue al incidente de la purgación
permanece, no obstante, con el espíritu como conciencia para evitar que incurramos en los
mismos malos actos en las vidas posteriores.
Así pues, nuestros actos malos y buenos están registrados como consecuencia de la
respiración, que es, por lo tanto, la base del alma, pero mientras el registro de la respiración
de los buenos actos se amalgama con el espíritu y vive en él siempre como alma inmortal, el
registro respiratorio de los actos malos se desintegra, y es el alma que peca y perece.
Cuando dice la Biblia que la inmortalidad del alma está condicionada al buen obrar, no hace
distinción alguna con respecto al espíritu.
El argumento es claro y terminante al decir que..."Al romperse
el cordón plateado... entonces el polvo volverá a la tierra de donde vino, y el espíritu volverá
a Dios que lo dio."
Así pues, la Biblia enseña que el cuerpo está hecho de polvo y que a él no volverá; que una
parte del alma generada por la respiración es perecedera, pero que el espíritu sobrevive a la
muerte del cuerpo y persiste por siempre. Por lo tanto, un "alma perdida," en el común
significado de esta frase, no es una enseñanza de la Biblia, porque el espíritu no ha tenido
creación y es eterno como Dios mismo, de quien procede, y, por consiguiente, la Teoría
Teológica ortodoxa no puede ser verdadera.

3) La Teoría del Renacimiento enseña que cada espíritu es una parte integral de Dios, que
contiene en sí todas las potencias divinas, así como la diminuta semilla contiene el roble
gigantesco; que, como consecuencia del resultado de muchas existencias en cuerpo
terrestre, de contextura gradualmente más perfecta, sus poderes latentes van siendo
desenvueltos lentamente y se hacen utilizables como energía dinámica; que ninguno de tales
espíritus puede perderse, sino que, por el contrario, todos a la postre alcanzarán la perfección
y la reunión con Dios, cada uno de ellos llevando consigo la experiencia acumulada que es el
fruto de su peregrinaje a través de la materia.
O bien, como podemos decirlo en forma poética:

NOSOTROS SOMOS ETERNOS

Bien en una nube tormentosa, o en alas del céfiro, el canto del coro
de Espíritus resuena en las antenas del mundo.

¡Oh, callad! Oíd sus voces: "Nosotros hemos pasado por la puerta
de la muerte. Regocijaos: ¡la muerte no existe! ¡la vida vive eternamente!"

"Nosotros somos como siempre hemos sido y como siempre seremos.
Nosotros somos una porción de la Eternidad; más viejos que la
Creación y una parte del Gran Todo. Cada ser individual es un Alma inmortal."

"Al oscilar de la lanzadera del Tiempo, confeccionamos nuestros vestidos,
tejiéndolos eternamente con tejido de Pensamiento. Tanto a nuestra raza
como a nuestro país los hacemos surgir por nuestra Mente, y en el Cielo
proyectamos lo que se moldea en la Tierra."

"Nosotros hemos brillado en la joya y danzado en la ola; chispeado en
el fuego desafiando a la tumba; nuestra esencia individual es la misma a
través de formas siempre cambiantes en forma, medida y clase."

"Y Cuando hayamos alcanzado la más alta de todas las gradaciones de
crecimiento de nuestra mente, rememoraremos; para que eslabón tras eslabón
podamos juntarlas todas y trazar el camino que para llegar allí, paso a paso,
hemos recorrido."

"De este modo, con el tiempo conoceremos si hacemos exclusivamente
aquello que eleva, ennoblece, es justo y verdadero, con bondades para todos
y perversidades hacia ninguno. Que por nosotros y por nuestra mediación
sea hecha la voluntad de Dios."

Nosotros nos aventuramos a decir que solo hay un pecado: Ignorancia, y solo una salvación:
Conocimiento aplicado. Hasta el más sabio de nosotros sabe muy poco de todo cuanto se puede aprender,
no obstante, y menos aún ninguno ha alcanzado la perfección, pues tampoco esta puede conseguirse en
una sola y corta vida; pero, sin embargo, podemos observar que todo en la Naturaleza tiende, lenta y
persistentemente, a su desenvolvimiento, persiguiendo y alcanzando estados cada vez más elevados.Nosotros llamamos a este proceso EVOLUCIÓN.
Una de las principales características de la evolución estriba en el hecho de que se manifiesta en períodos
alternantes de actividad y descanso. El verano activo, en el que todas las cosas sobre la Tierra se
multiplican y procrean, es seguido por el descanso y la inactividad del invierno. La brega del día está
alternada con la quietud de la noche. El flujo de los océanos está seguido por el reflujo de la marea. De este
modo, todas las demás cosas se mueven en cielos, y la vida que se manifiesta aquí sobre la Tierra por
unos cuantos años no debe suponerse que acaba cuando la muerte se aproxima, sino que tan
seguramente como él Sol sale por la mañana después de haberse puesto por la noche, también la vida que
terminó con la muerte de un cuerpo se manifestará otra vez en un nuevo vehículo y en ambiente distinto.
Nuestra Tierra puede compararse, en efecto, a una escuela a la que volvemos vida tras vida para aprender
nuevas lecciones, al igual que nuestros niños asisten a clase un día tras otro para aumentar sus
conocimientos. El niño duerme durante la noche que
media entre dos días de escuela, y el espíritu también tiene su descanso de vida activa entre la muerte y un
nuevo nacimiento.
Hay, asimismo, diferentes clases en esta escuela del mundo, lo cual corresponde a los diferentes grados,
desde la clase de párvulos a la universidad. En las clases bajas encontramos espíritus que han asistido a
esta escuela de la vida solo unas cuantas veces, y son los salvajes actuales, pero con el tiempo se harán
más sabios y mejores de lo que son ahora, y nosotros mismos nos elevaremos en vidas futuras a alturas
espirituales que actualmente no podemos ni concebir. Si nos aplicamos para aprender las lecciones de la
vida, avanzaremos, por supuesto, mucho más de prisa en esta escuela de la vida que si faltamos a clase y
desperdiciamos el tiempo. Esto obedece a los mismos principios comunes que rigen nuestras instituciones
de enseñanza.
Nosotros, pues, no estamos aquí por el capricho de Dios. Él no nos ha colocado a unos en un jardín y a
otros en un desierto, ni tampoco ha dado a estos un cuerpo saludable de modo que puedan vivir de dolores
y enfermedades, mientras que a aquéllos los ha relegado a tan mísero estado que nunca se ven libres del
dolor; sino que lo que somos, lo somos debido a nuestra diligencia o negligencia, y lo que seamos en el
futuro depende de lo que nosotros queramos ser y no del capricho de Dios o de un destino inexorable. No
importa cuáles sean las circunstancias, estriba en nosotros mismos el dominarlas o ser dominados por
ellas, a nuestra voluntad. El caballero Edwin Arnold expresa esta idea y enseña de manera bellísima en su
Luz de Asia.

"¡Los libros dicen bien, hermanos míos! La vida de cada hombre es el
resultado de su existencia anterior. Los errores antiguos nos traen dolores
y enemigos, y los anteriores aciertos nos brindan bendiciones."
"Cada uno tiene su señorío como los más elevados, y busca sus fuerzas
en torno de él, por arriba y por abajo, con toda carne y con todo cuanto
vive, y cada acto le presta alegría o amarguras."

"Quien se afana, aunque sea un esclavo, puede algún día convertirse
en un príncipe, pues su gentileza puede conquistar el mérito. Quien gobierna,
hasta un rey, puede errar por la tierra, cubierto de harapos, por cosas hechas
o dejadas de hacer."

O bien, como dice un poeta desconocido:

"Un barco zarpa para el Este y otro para el Oeste a merced del viento.
Es el timón y la vela, y no la galerna, lo que determina el camino que llevan."

"Como los vientos del mar son los caminos del destino para nuestro
viaje a través de la vida. Es el acto del alma lo que determina la meta y no
la calma o la tempestad."

Cuando deseamos que alguno se encargue de alguna misión, elegimos a una persona que pensamos
está capacitada perfectamente, que llena los requisitos necesarios y por nuestra parte debemos suponer
que un Ser Divino emplearía por lo menos tan elemental sentido común, y no elegiría a ninguno que no
estuviera a la altura de su cometido. Así pues, cuando leemos en la Biblia que a Sansón se le ordenó que
destruyese a los filisteos, y que Jeremías fue predestinado a ser un profeta, es lógico suponer que ambos
estaban particularmente adaptados para llevar a cabo su misión. San Juan Bautista también nació para ser
el heraldo del venidero Salvador, y para predicar el reino de Dios que debe reemplazar y ocupar el lugar del
reino de los hombres.
¿De no tener una instrucción previa, como hubieran podido tales personas desenvolver esa adaptación
para cumplir con sus misiones, y si se las hubo adaptado así, de qué otro modo hubieran podido adquirir su
instrucción sino en vidas anteriores?
Los judíos creían en la doctrina del Renacimiento, pues de lo contrario no hubieran preguntado a San Juan
Bautista si era Elías, como se dice en el primer capítulo del Evangelio de San Juan. Los Apóstoles de Cristo
también sostenían esta creencia, como podemos ver por el incidente que se recuerda en el capítulo 15 de
San Mateo, donde Cristo hace esta pregunta: "¿Quién dicen los hombres que soy Yo, el Hijo del Hombre?"
Los Apóstoles contestaron: "Algunos dicen que Tú eres Juan el Bautista; otros Elías, y otros Jeremías, o
uno de los Profetas." En esta ocasión Cristo asintió tácitamente a la enseñanza del Renacimiento, porque
no corrigió a sus discípulos en Su calidad de maestro, al observar que sus discípulos tenían una idea
equivocada.
Pero a Nicodemo le dijo inequívocamente: "Excepto que un hombre nazca otra vez, él no puede heredar el
reino de Dios." En el capítulo 11 de San Mateo y en el versículo 14, dijo Cristo hablando
de San Juan Bautista: este es Elías, y en el capítulo 17 del mismo capítulo de San Mateo, y en el versículo
12, dijo: "Elías ha venido ya j ellos no lo conocieron, sino que hicieron de él cuanto quisieron... y entonces
los discípulos comprendieron que Él les hablaba de Juan el Bautista."
Así pues, nosotros sostenemos que la doctrina del Renacimiento ofrece la única solución al problema de
la vida que está en armonía con las leyes de la Naturaleza, la cual satisface los requisitos éticos del caso y
nos permite amar a Dios sin cegar nuestra razón a las desigualdades de la vida y a las circunstancias
diversas que dan a unos cuantos la comodidad y el bienestar, la salud y la riqueza, todo lo cual está negado
a la inmensa mayoría.
La teoría de la Herencia avanzada por el materialista se aplica solamente a la forma, pues al igual que un
carpintero usa un material de cierto montón de madera para construir una casa en la que ha de vivir
después, así también el espíritu toma de sus padres la sustancia de la cual construye su casa. El
carpintero no puede construir una casa de madera tan dura y tosca como la del abeto, y el espíritu de igual
modo debe construir un cuerpo que sea semejante al de aquellos de los cuales se tomó el material. Pero la
teoría de la Herencia no se aplica al plano moral, pues es un hecho notorio que en las galerías de
malhechores de América y Europa no hay un caso en que estén representados el padre y el hijo. De modo
que los hijos de criminales, aunque tengan tendencias al crimen, se mantienen fuera de las mallas de la ley.
Tampoco la Herencia quedaría airosa en el plano del intelecto, porque se pueden citar muchos casos en los
que un genio y un idiota tienen el mismo origen. El gran Cuvier, cuyo cerebro era aproximadamente del
mismo peso que el de Daniel Webster, y cuyo intelecto era tan grande, tuvo cinco hijos que murieron de
paresia. Asimismo el hermano de Alejandro el Grande fue un idiota, y en suma, nosotros sostenemos que
debe hallarse otra solución que pueda aclarar los hechos de la vida.
La ley del Renacimiento, unida a su compañera, la ley de Causación, suple y abarca tales hechos.
Cuando morimos después de una vida, volvemos a la Tierra bajo las circunstancias determinadas por el
modo en que vivimos antes. El jugador es atraído a los garitos y a los hipódromos para asociarse con otros
de iguales gustos; el músico es atraído a las salas de conciertos y conservatorios por espíritus de su genio,
y el Ego que torna
lleva consigo los gustos y aversiones que lo obligan a buscar a sus padres en la clase a la que él
pertenece.
Pero, al llegar aquí, quizás algunos nos señale casos en los que encontramos a personas de gustos
enteramente opuestos que viven una vida de tortura debido a verse agrupadas en la misma familia, y
forzadas por las circunstancias a permanecer entre ella a despecho de su voluntad. Pero esto no vicia la
ley en lo más mínimo, debido a que en cada vida nosotros contraemos ciertas obligaciones a las que no
podemos dar cumplimiento.
Acaso hemos faltado a algún deber que teníamos que cumplir tal como el cuidado de un pariente inválido,
y nos ha alcanzado la muerte sin haber reparado en esa omisión. Este pariente, por otra parte, puede haber
sufrido bárbaramente por nuestra negligencia y ha acumulado contra nosotros una gran dosis de odio o
rencor antes que la muerte termínase con su sufrimiento. La muerte y el consiguiente cambio hacia otro
ambiente no liquidan nuestras deudas de esta vida, así como tampoco la mudanza de una ciudad a otra no
pagará las deudas que contrajimos en la anterior residencia. Es, por lo tanto, muy posible que aquellos que
se han injuriado mutuamente, como hemos dicho, se reencuentren como miembros de una misma familia.
Entonces, aunque ellos recuerden o no su pasado antagonismo, el rencor se manifestará y les hará odiarse
de nuevo, hasta que el dolor y el disgusto consiguientes los obliguen a tolerarse el uno al otro, y quizá al
final aprendan a amarse en la medida en que se odiaron.
También se hace esta pregunta en la mente del escéptico: ¿Si nosotros hemos estado aquí antes, porqué
no nos acordamos de ello? Pero a esta pregunta podemos contestar que a la vez que hay muchas
personas que no recuerdan en absoluto el modo en que emplearon el tiempo en su vida anterior, hay otros
que tienen bien grabada en la memoria sus vidas previas. Una amiga del escritor, por ejemplo, cuando vivía
en Francia, un día empezó a leer a su hijo acerca de cierta ciudad que pensaban ir a visitar, y el niño
exclamó: "No necesitas decirme nada de ello, madre; yo conozco esa ciudad por haber vivido en ella, en la
que me mataron."
Entonces comenzó a describir la ciudad y también se refirió a cierto puente. Posteriormente el muchacho
llevó a su madre a tal puente y le enseñó el punto en donde había encontrado la muerte varios siglos antes.
Otra amiga, en ocasión de viajar por Irlanda, vio una escena
que ella reconoció, y también describió a su compañía el panorama que se contemplaba desde el recodo
del canino, a pesar de no haberlo visto nunca en esta vida, de modo que era preciso que conservara la
memoria de una vida anterior.
Se podrían citar numerosos ejemplos en los que estos vislumbres de menor importancia son claras
revelaciones de una vida pasada.
El caso comprobado en el cual una niñita de tres años de edad, en Santa Bárbara (California), describió su
vida y muerte, ya ha sido detallado en Concepto Rosacruz del Cosmos. Es, quizás, la evidencia más
terminante, pues se basa en el testimonio de una niña demasiado pequeña para haber aprendido a engañar
de tal modo.
Esta teoría de la vida no descansa en una mera especulación; pero, no obstante, es uno de los primeros
factores de la vida demostrados al discípulo en una Escuela de Misterios. Se le indica que vigile a un niño
en el acto de morir, y después que le siga en el mundo invisible de un día a otro, hasta que vuelva a renacer
en la Tierra, un año o dos después. Entonces el discípulo sabe como absoluta certeza que nosotros
volvemos aquí a cosechar en una vida futura lo que en la anterior hemos sembrado.
La razón de elegir para el estudio a un niño con preferencia a un adulto, es porque el niño renace muy
rápidamente, pues su corta vida en la Tierra ha dado muy pocos frutos y estos son pronto asimilados;
mientras que el adulto, que ha vivido una vida larga y tiene mucha experiencia, permanece en los mundos
invisibles por siglos, de modo que el discípulo no puede seguirlo desde la muerte al nacimiento. La causa
de la inmortalidad infantil será explicada después: por ahora solo queremos dejar bien sentado el hecho de
que está dentro de la posibilidad de cada uno, sin excepción, el capacitarse para el conocimiento directo o
de primera mano que aquí estamos enseñando.
El promedio del intervalo entre dos vidas terrestres es alrededor de mil años. Esto está determinado por el
movimiento del Sol llamado por los astrónomos precisión de los equinoccios, por el cual el Sol se mueve
por cada uno de los signos del Zodíaco en un lapso de 2.100 años. Durante todo este tiempo las
condiciones sobre la Tierra han cambiado, de modo que al volver encontrará nuevas experiencias aquí, y
por lo tanto retorna.
Los Grandes Guías de la evolución obtienen siempre el beneficio máximo de las condiciones designadas
por ellos, y como las experiencias en las mismas condiciones sociales son muy diferentes en el caso
de un hombre que en el de una mujer, el espíritu humano se encarna dos veces durante los 2.100 años
aproximadamente, que están medidos por la precesión de los equinoccios, como ya hemos dicho,
naciendo por esta razón una vez como hombre y otra como mujer. Esta es la regla; pero, por supuesto,
está sujeta a las modificaciones que sean necesarias para facilitar la madurez de lo que hemos sembrado,
como lo requiere la ley de Causación, que trabaja paralelamente con la Ley del Renacimiento. De este
modo, en ocasiones, un espíritu puede ser traído a renacer mucho tiempo antes de que hayan expirado los
mil años, con objeto de cumplir cierta misión, o bien puede ser detenido en los mundos invisibles hasta
después del tiempo en que debería renacer si esta fuese una ley ciega. Por supuesto, las leyes de la
Naturaleza no lo son. Por el contrario, son Grandes Inteligencias que siempre subordinan las
consideraciones de menor cuantía a fines superiores, y bajo su guía benéfica estamos progresando
constantemente vida tras vida bajo condiciones adaptadas exactamente a cada individuo, hasta que con el
tiempo alcancemos una altura superior de la evolución y nos convirtamos en superhombres.
Oliver Wendell Holmes ha expresado esta aspiración y su consumación en estas bellísimas líneas:
"Construye mansiones más duraderas, ¡alma mía!—según las veloces estaciones ruedan. — Abandona
tus criptas ya surcadas.— Haz que cada templo nuevo sea más noble que el pasado; — abarca un espacio
celeste más ancho — hasta que al fin te libertes — arrojando tu concha ya inútil, por un océano de vida
inmortal."

del libro "Los Misterios Rosacruces", de Max Heindel